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La dieta occidental, ¿es realmente saludable?

La conducta y los hábitos alimenticios varían de un país a otro, aunque su pertenencia a grupos cuyo denominador común son, por ejemplo, los productos que proporciona la naturaleza de la región o las especificaciones religiosas de la comunidad, hace que tengan muchas similitudes, más allá de las fronteras políticas.

Así, tradicionalmente podemos dividir las costumbres alimenticias con etiquetas como la conocida dieta Mediterránea, las dietas orientales o la dieta Atlántica.

A estas se añade, por efecto de la globalización o el estilo de vida de las sociedades desarrolladas, la dieta Occidental, que no reúne precisamente lo mejor de cada una de las anteriores. La dieta Occidental, influida por el estilo de vida, se aleja del consumo de productos naturales y frescos, cocinados a la manera tradicional en el hogar, para preferir lo envasado, enlatado y ya cocinado, incluido muchas veces bajo el título de “comida rápida o comida basura”.

Se pierden nutrientes y se adquieren sustancias no necesarias como conservantes y colorantes de todo tipo. Así, la actual dieta Occidental, coinciden los expertos, es rica en grasas saturadas, sal, harinas refinadas, proteínas animales, azúcares y otros productos que elevan en exceso el contenido en calorías, sin aportar por ello los nutrientes necesarios.

Esto conduce a la obesidad, y la obesidad, a los problemas cardiovasculares: se calcula que este tipo de dieta aumenta en un 30% la posibilidad de sufrir un infarto.

En este tipo de dieta rápida, el 40% de las calorías proceden de la grasa, otro tanto de los hidratos de carbono, y sólo un 20% de las proteínas. En una dieta normal, lo habitual es ingerir más calorías de tipo carbohidratos –un 50%-, mientras las grasas se reducen al 30% y las proteínas al 15-20%.

Los lípidos o grasas son una gran fuente de energía, pero también pueden ser las causantes de enfermedades por la acumulación de colesterol. Esto puede evitarse sabiendo qué tipo de grasas consumir: las monoinsaturadas o poliinsaturadas reducen el colesterol malo -LDL-.

La barriga es una de las zonas del cuerpo donde se notan más los excesos, tanto en los hombres como en las mujeres. Conseguir un vientre plano y unos abdominales musculosos no sólo es cuestión de ejercicios.

La dieta y una actividad aeróbica ayudan a perder grasa abdominal.

Los expertos han comprobado que consumir frecuentemente verduras y frutas de color rojizo, azulado o morado, ayuda a mantener el sistema nervioso y sus capacidades cognitivas en perfecto estado.

Su contenido en antiocina, con efectos antioxidantes, previene el Alzheimer. Aunque estén sanos, los niños desde los 7 años que presentan obesidad tienen mayores posibilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares de adultos, según un estudio de la Clínica Infantil Nemours, de Estados Unidos. Los expertos recomiendan tomar medidas más contundentes contra el sobrepeso.

Un estudio realizado entre medio millón de personas ha llegado a la conclusión que la dieta Mediterránea reduce en un 33% las posibilidades de padecer un tumor gástrico, un cáncer que es la segunda causa de muerte en el mundo.

Hasta ahora no se había estudiado el efecto de la dieta mediterránea en conjunto, sólo de sus componentes por separado.

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