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Propiedades de la vitamina C

La vitamina C es bien conocida por sus propiedades relacionadas con la inmunidad del cuerpo humano, siendo protectora de resfriados y catarros. Esto es debido a que la vitamina C se encuentra en altas concentraciones en las células del sistema inmune, y se consume rápidamente durante las infecciones. Una hipótesis propone que el ácido ascórbico modula la actividad de los fagocitos, los linfocitos, la producción de citoquinas y el número de moléculas de adhesión en los monocitos, siendo éstas necesarias para el reconocimiento, procesamiento y destrucción de agentes invasores del organismo.

La vitamina C es también un antihistamínico natural. Previene la producción y liberación de histamina y la destrucción de la misma una vez liberada. Un estudio ha demostrado que ingerir 2 gramos de vitamina C diariamente disminuía los niveles plasmáticos de histamina en tan sólo una semana. También relacionó niveles plasmáticos bajos de vitamina C con niveles anormalmente elevados de histamina. Puede ser, por tanto, una medida preventiva el consumo de suplementos de vitamina C para evitar síntomas propios de la histamina, como son las alergias.

La vitamina C  brinda otras propiedades actuando  como un potente antioxidante y pro- oxidante.

Una de las acciones más beneficiosas y conocidas del ácido ascórbico es su poder antioxidante, actuando como un agente reductor para revertir la oxidación de los líquidos. El ácido ascórbico actúa cuando hay estrés oxidativo, es decir, cuando la proporción de radicales libres de oxígeno (potencialmente reactivos  con biomoléculas) es mayor a la proporción de antioxidantes. Esto tiene una repercusión en el cuerpo, incrementando la posibilidad de sufrir  enfermedades cardiovasculares, hipertensión, enfermedades inflamatorias crónicas y diabetes, o empeorando la enfermedad ya existente; teniendo repercusión también sobre pacientes que sufren quemaduras graves o enfermos crónicos.

La vitamina C es un aliado en la lucha contra el estrés oxidativo, que queda demostrado en que personas que sufren de estrés oxidativo presentan niveles plasmáticos (es decir, en sangre) de ácido ascórbico por debajo de los 45 µmol/L, mientras que personas sanas presentaban entre 61´4 y 80 µmol/L.

Sin embargo, no está aún científicamente comprobado que la vitamina C y otros antioxidantes prevengan las enfermedades relacionadas con el estrés oxidativo ni que promuevan la salud general del individuo. Estudios clínicos que pretendían demostrar el efecto del ácido ascórbico sobre las lipoproteínas y el colesterol (ambos lípidos) encontraron que los suplementos de vitamina C no mejoraban los marcadores patológicos plasmáticos.

Hay que matizar que la vitamina C puede contribuir a disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares al reducir la presión arterial, y que ayuda a incrementar los niveles de ácido ascórbico en sangre, siendo por tanto un protector  del estrés oxidativo y el riesgo de patología cardiovascular.

El ácido ascórbico no sólo actúa como antioxidante, sino como pro-oxidante. Reduce metales de transición como el cobre y el hierro en la conversión de ácido ascórbico a dehidroascórbico. Esta reacción puede generar  iones superóxido y radicales libres de oxígeno, potencialmente dañinos.

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